Reseña de “La oxidada Transición”, de José Manuel Roca

José Manuel Roca: La oxidada Transición, La Linterna Sorda, Madrid, 2013, 115 pp. Prólogo de Luis García Montero.

 

El profesor José Manuel Roca tiene una amplia producción bibliográfica en la que encontramos tanto libros de historia propiamente dichos, tal que El proyecto radical. Auge y declive de la izquierda revolucionaria en España (1994) o El Lienzo de Penélope. España y la desazón constituyente (1999), como ensayos de contenido político con una fuerte carga histórica, entre los que destacan La Derecha furiosa (2005), La Iglesia furiosa (2008) o La reacción conservadora (2009). Pertenece a esta última categoría La oxidada Transición, una breve y amena obra en la que el autor reflexiona sobre el pasado reciente de España, el proceso de democratización y la actual crisis.

 

José Manuel Roca achaca la dramática situación que atraviesa el país, entre otras cosas, a las limitaciones que detecta en la Transición democrática, que considera estuvo lastrada por la herencia de la dictadura franquista. Así, desde su perspectiva, la etapa democrática ha sido una oportunidad histórica perdida para España. La enésima, teniendo en cuenta los intentos fallidos con anterioridad. «No ha podido ser; tampoco hemos acertado esta vez. Nos cuesta salir del siglo XIX» (p. 14).

 

El autor analiza muy críticamente el «idealizado» relato oficial sobre la Transición democrática, que ha discurrido «entre los dos carriles de la desmemoria social y el consenso doctrinal» (p. 21) y que, en su opinión, elude las sombras del proceso (como las tensiones sociales o la violencia) y desprecia el papel de la presión popular, centrándose en las élites y especialmente en las provenientes del régimen franquista. Según Roca, tal canónica interpretación también obvia que el objetivo de la derecha y el centro derecha no era tanto lograr una democracia parlamentaria (mucho menos una avanzada) cuanto modernizar el mercado económico, y que, si la reforma fue algo más allá de un cambio de fachada de la dictadura, se debió a las movilizaciones auspiciadas por las izquierdas. Es decir, porque a los exfranquistas no les quedó más remedio. El resultado de la Transición no fue indiscutiblemente positivo y quedó muy lejos de lo que la oposición democrática venía reclamando. Roca argumenta que se había inaugurado un sistema poco plural que pivotaba sobre un «bipartidismo de hecho» (p. 24), constreñido por un Gobierno demasiado fuerte y una sociedad y unas Cortes demasiado débiles.

 

La oxidada Transición cuestiona el discurso «dominante» sobre la Constitución de 1978, de la que destaca sus sombras, como la generosidad de la izquierda, que «concedió a la derecha el olvido de su pasado dictatorial y el de los muchos agravios recibidos, y el impagable regalo de la legitimidad democrática; y le dio al país una mano de barniz civil, moderno y moderadamente laico» (p. 32). De la Carta Magna se deriva, a decir de Roca, «un régimen político de acusadas tendencias autoritarias y opaco, con una democracia restringida por una representación política sesgada, donde el ciudadano quedaba tolerado como un súbdito con ciertos derechos antes que tenido (y temido) como un exigente soberano» (p. 34). Entre las «hipotecas» del nuevo sistema el autor señala a la Corona y su (crecientemente discutido) papel, el Ejército, la policía, la judicatura, la oligarquía («un capitalismo anticuado de rostro brutal, y una desigualitaria forma de repartir la riqueza», p. 41) o la Iglesia Católica y sus numerosos privilegios.

 

La presente obra también denuncia una supuesta desmemoria y reinvención del franquismo que, en opinión del autor, responde tanto a la pasividad de las izquierdas, que «se privaron de la oportunidad de defender tanto los valores modernos y democráticos, como los valores de la izquierda y del movimiento obrero» (p. 47), como a la acción de la derecha, ya que Roca acusa a los sucesivos gobiernos del PP de promover «la rehabilitación del franquismo y de Franco» (p. 49), llegando a denominar las etapas de José María Aznar y de Mariano Rajoy como «neofranquismo».

 

En la segunda parte del ensayo se realiza un somero estudio sobre las diferentes crisis que afectan a España actualmente (desde la económica a la desafección ciudadana respecto a la política y las instituciones), buscando la raíz de todos los problemas en los déficits de la Transición y en la inercia de las décadas posteriores. El panorama que pinta es, desde luego, desolador. Para José Manuel Roca «uncida a una Unión Europea en proceso de descomposición, España camina hacia una descivilización programada; hacia un tipo de sociedad asocial, desigual y empobrecida, con la vida más difícil para la mayoría y un futuro muy dudoso, regido por una lógica darwiniana que genera tiburones y víctimas, y por una autoritaria estructura de poder que facilita el dominio de los más fuertes y los más astutos, que no suelen ser los más justos ni los más honrados» (p. 111).

 

La tesis central de este combatiente libro se puede resumir en que la democracia está viciada de origen y el origen no es otro que la muy defectuosa y oxidada Transición, que la derecha pervirtió gracias, entre otras cosas, a la cómplice pasividad de las fuerzas progresistas. A pesar de que es una obra documentada sobre nuestro pasado reciente, no se trata de una obra historiográfica (ni se presenta como tal), sino de un libro de denuncia. Es un ensayo escrito desde una perspectiva muy crítica y netamente de izquierdas, que tiene una proyección muy evidente en la más rabiosa actualidad.

 

¿Los problemas de la España de hoy son consecuencia de los (presuntos) errores de la España de Adolfo Suárez? La oxidada Transición da un rotundo sí como respuesta. «Ha sido bastante ilusorio esperar que las cosas fueran distintas, pues de aquellos mimbres sólo podían salir estos cestos» (p. 113). No obstante, incluso con mimbres defectuosos (y habría que discutir largo y tendido en qué grado lo estaban) se puede hacer muy diferentes tipos de cestos. No hay nada inevitable.

 

El ensayo señala a los hipotéticos culpables de haber tejido mal, ya lo sean por acción (la derecha, la Corona, las clases altas, la Iglesia, etc.) u omisión (la izquierda). Ahora bien, Roca exonera de toda culpa al español de a pie, convertido en víctima inocente de las maquinaciones de unos y otros. Es una teoría muy consoladora, pero cabe preguntarse hasta qué punto el ciudadano está libre de toda responsabilidad en el declive de una democracia parlamentaria como la nuestra (joven e imperfecta, sí, pero democracia al fin y al cabo). Sean o no insuficientes o papel mojado, ¿acaso solo tiene derechos y no deberes? Quizá las élites ocasionaron las faltas de la Transición y la mayoría de los desaguisados posteriores, pero alguna responsabilidad tendrán los ciudadanos que delegaron consciente y libremente en ellas los asuntos de la res publica.

 

Puede que el discurso institucional sobre la Transición sea excesivamente idílico, pero lo cierto es que, al menos en el ámbito académico, el debate sobre las luces y las sombras del proceso lleva ya unos años en el candelero1. La galopante crisis y el descrédito de los políticos profesionales han provocado que la controversia se haya avivado, dando pie a la aparición de cierta producción bibliográfica de calidad, entre la que destaca el libro de José Manuel Roca. Desde luego, incluso cuando no se comparten todas sus ideas, es uno de los que hay que tener cuenta en esta discusión, en esta encrucijada que relaciona directamente el presente con nuestro pasado reciente.

Fuente: Historia del Presente, nº 23, 2014

 

1 Por poner un ejemplo reciente, cabe citar Juan Carlos Monedero: La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2011.

 

3 comentarios

Archivado bajo Historia, Opinión

3 Respuestas a “Reseña de “La oxidada Transición”, de José Manuel Roca

  1. José Ignacio

    Gracias por la recensión y por las restantes referencias.
    Al hilo, apuntaría que Santos Juliá realiza un elegante quiebro a la tesis de Roca, en un artículo reciente: “Todavía la Transición” en El pais
    Comienza muy bíblico: “Al principio no fue la Transición sino un periodo o proceso de transición.” Y nos hace notar que se escribía con minúscula, y que fue así durante muchos años cuando los actores políticos se esforzaban por construir la superación de un sistema dictatorial. Al respecto de lo cual había más acuerdos de los que parece respecto al cómo.
    Una interesante perspectiva…
    http://elpais.com/elpais/2014/07/17/opinion/1405595481_045088.html

  2. Pingback: José Manuel Roca sobre su libro “La oxidada Transición” | Gaizka Fernández Soldevilla

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s