Archivo de la categoría: Recursos

Nuevo número de la revista “Sancho el Sabio”

Sancho el Sabio aldizkariaren 36. zenbakia on-line. Ea gustatzen zaizuen!
Ya está disponible on-line el último número de la revista Sancho el Sabio. ¡Que disfrutéis de la lectura!

Contiene artículos tan interesantes como este de Rafael Leonisio sobre los congresos del PSE-EE.

2 comentarios

Archivado bajo Historia, Recursos

Documentación sobre el pacto de Santoña (1937)

La Fundación Popular de Estudios Vascos (FPEV), dependiente del PP de Euskadi, sacó una recopilación de documentos sobre el polémico pacto de Santoña y sus prolegómenos, obra de Carlos Olazabal. Ahora los tres tomos están disponibles en pdf y epub aquí.

Deja un comentario

Archivado bajo Nacionalismo, Recursos

Reseña de “Sangre, votos, manifestaciones” en “Studia Historica. Historia Contemporánea”

Escrita por Rafael Leonisio, aparece en el vol. 30 de esta revista de la Universidad de Salamanca. Aquí la tienen.

Y como no solo de historia vive el ser humano, les recomiendo el canal de youtube de esta joven violinista, donde pueden encontrar algunas joyas.

2 comentarios

Archivado bajo ETA, Historia, Recursos

Reproductor musical de la Biblioteca Digital Hispánica

Una joya que les recomiendo.

Deja un comentario

1 diciembre, 2013 · 9:19

Hacer patria o hacer historia. Algunos apuntes sobre la literatura histórica de la “izquierda abertzale”

La calidad de las obras sobre la historia del pasado reciente del País Vasco es muy heterogénea. Aunque su número no es tan elevado como nos gustaría, contamos con trabajos notables, escritos con método, rigor y profesionalidad. Pero la escasez de obras historiográficas propiamente dichas se ve agravada porque en el ámbito vasco les ha surgido una seria competidora: la literatura histórica. José Luis de la Granja lo explica mejor que yo: «una cosa es la historiografía militante y partidista, sea laudatoria o denigratoria del nacionalismo, y otra muy distinta es la historiografía sustentada en una investigación objetiva de las fuentes y una metodología científica a cargo de historiadores profesionales, en su mayoría profesores universitarios. En puridad, el nombre de historiografía se debería reservar en exclusiva para esta última, mientras que a aquélla la denominamos literatura histórica».

El uso partidista de la historia, su instrumentalización y manipulación, no es monopolio de ninguna ideología concreta. En el caso vasco encontramos ejemplos tanto de literatura histórica antinacionalista, que ha tenido un claro resurgir en los últimos años, sobre todo de mano de periodistas, como ultranacionalista, que es en la que me centro aquí. Ha sido certeramente descrita por Santiago de Pablo como «historiografía nacional-revolucionaria, muy parcial y preñada de lugares comunes, en las que ETA aparece siempre como un movimiento salvador de una Euskadi oprimida no solo por la dictadura, sino también por España y por el capitalismo». En ese sentido, cada libro es un nuevo capítulo que añadir a la saga narrativa del «conflicto vasco». A pesar de su escasísima calidad y de su evidente propósito publicitario, lo cierto es que la literatura ultranacionalista cuenta con bastante difusión social gracias a la compleja y eficiente industria cultural que ha construido la «izquierda abertzale»: asociaciones «por la memoria histórica» (Euskal Memoria, Ahaztuak 1936-1977, etc.), editoriales (Txalaparta), medios de comunicación (Gara, etc.), una red de librerías, etc. Y, por supuesto, un público lector entregado y dispuesto a leer (y asumir) cualquier cosa que confirme sus creencias y prejuicios, que legitime su apuesta por una opción determinada: el nacionalismo vasco radical. Da igual que la obra carezca de fuentes, esté claramente sesgada o no resista un mínimo análisis crítico. No estamos en el universo de la razón, sino en el de los sentimientos y emociones.

Dentro de la larga lista de escritores de literatura histórica ultranacionalista hay que distinguir dos categorías. En primer lugar hay una mayoría de propagandistas, entre los que cabe citar a Iñaki Egaña Sevilla, José Antonio Egido, Iker Casanova, Luis Núñez, Eduardo Renobales o Txema Urrutia. Se distinguen no solo por desconocer la metodología básica del historiador, sino también por despreciar abiertamente a la historia como disciplina y más cuando tiene alguna relación con la universidad. Por descontado, eso no obsta para que se aprovechen de sus avances, plagiando (literalmente) a los historiadores profesionales, a los que, sin embargo, raramente citan (en realidad, casi nunca citan a nadie ajeno a su minúsculo e intelectualmente autárquico círculo). Lo suyo es apuntalar (o inventar o incluso reinventar) los mitos abertzales. La verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con la ciencia, sino con la fe… en Euskal Herria, una patria que es inmemorial y que lleva siglos sojuzgada por el «Estado español». Y, si los documentos dicen lo contrario, qué les zurzan a los documentos. Quien dude de las máximas patrióticas sencillamente se coloca en el bando de los opresores, o sea, es un «fascista». Evidentemente con los propagandistas, que nunca escuchan ni tienen dudas, no cabe ningún debate historiográfico.

Pero no es justo clasificar a todos los productores de literatura histórica ultranacionalista como simples apologetas. Hay una minoría de historiadores y/o cronistas que dominan los rudimentos del oficio. Me refiero, entre otros, a Francisco Letamendia (Ortzi), Emilio Majuelo y José María Lorenzo Espinosa. Gracias a su aparente corrección formal y metodológica, sus obras han de inscribirse en una categoría superior a la de los propagandistas. Desde luego, tienen más calidad. Resultan útiles y son de obligada lectura para quien pretende tratar en serio la historia de ETA y el nacionalismo vasco radical. Mas hay que tener cuidado y comprobar detenidamente algunas de sus afirmaciones antes de darlas por válidas, ya que los cronistas escriben con la misma parcialidad que los panfletos de sus primos: el impulso que en el fondo les guía es hacer patria, no hacer historia. No hay que olvidarlo nunca.

PS: Al César lo que es del César. Por un lado, Letamendia se avino a concederme una (eso sí) breve entrevista para realizar mi tesis doctoral. Sus obras, aunque hay que tomarlas con precaución, me han sido provechosas en mis investigaciones, sobre todo para hacerme una idea general al principio, cuando estaba un tanto perdido. Por otro lado, Lorenzo Espinosa, que fue mi profesor en la Universidad de Deusto, ha escrito algunos libros rigurosos, además de literatura histórica, y sería injusto meter a todas sus publicaciones en el mismo saco. Guardo buen recuerdo suyo como persona. Quizá algún día podamos tomarnos unas cañas y tener un debate historiográfico de verdad. Ojalá.

BIBLIOGRAFÍA
GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.
MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.
MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.
PABLO, Santiago de (2005): «Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.
RIVERA, Antonio (2004): «Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.

2 comentarios

18 junio, 2013 · 19:16

UN MUNDO «PEQUEÑO», OTRO MUNDO «GRANDE»: EL DISCURSO DE GÉNERO DEL NACIONALSOCIALISMO

Interesantísimo artículo del profesor Jesús Casquete:
 -“Un mundo «pequeño», otro mundo «grande»: El discurso de género del nacionalsocialismo”, Revista de Estudios Políticos, núm. 159, enero-marzo (2013), págs. 165-201

1 comentario

Archivado bajo Nacionalismo, Recomendaciones, Recursos

Los límites de la historia

Como José Luis de la Granja (El nacionalismo vasco. Claves de su historia, 2009), cuando comencé a investigar y escribir creía firmemente que «el conocimiento del pasado reciente no soluciona los problemas del presente, pero sí contribuye a su entendimiento, para evitar repetir errores históricos, que es condición necesaria para su resolución en el futuro». Sin embargo, reconozco que a veces son bastante pesimista al respecto. Hay que constatar que estos nobles propósitos chocan demasiado a menudo contra la dura realidad

El historiador guipuzcoano Juan Pablo FusiLos vascos y su historia», El Correo, 5-IV-1987) denunciaba en 1987 que la mayoría de la ciudadanía de Euskadi conocía la figura del general carlista Tomás de Zumalacárregui, pero desconocía la de su hermano, Miguel Antonio de Zumalacárregui, político vasco progresista que ocupó los cargos de diputado, ministro y presidente de las Cortes. Era el paradigma de cómo el «País Vasco desconoce su historia más reciente. Está forjándose una conciencia de sí mismo mutilada y deforme: está construyendo su identidad sobre una amputación brutal de la verdad histórica. Tal vez se esté aún a tiempo de rectificar». Fusi todavía tenía confianza en que los historiadores y los medios de comunicación recuperaran para el gran público «la verdadera historia del País Vasco».

Hoy en día Tomás de Zumalacárregui tiene un lugar destacado en los libros escolares e incluso ha dado nombre a calles (incluyendo una enorme avenida en Bilbao, la misma ciudad que ordenó bombardear). Miguel Antonio permanece relegado, aunque, como me corrige amablemente un lector, el museo Zumalacárregui, sito en Guipúzcoa, sí que se ha preocupado en rememorar su figura y la del liberalismo.

El filólogo y ensayista Jon Juaristi se propuso con El linaje de Aitor (1987) «la tarea de sacar a nuestro pueblo de su letal ensimismamiento. Será preciso, para ello, que muera nuestro pasado y, con él, todas las ensoñaciones románticas que han distorsionado trágicamente la imagen del pueblo vasco». Once años después, en la edición de 1998, admitía que, pese a la «edad dorada» de la historiografía vasca, «la recuperación de la historia no se ha traducido en una correlativa erosión de los mitos y falsificaciones» que continuaban imperantes. «El viaje no ha merecido la pena». El mensaje de El linaje de Aitor, al igual que el de otras muchas obras de historia, no había llegado ni al «hombre de la calle» ni a «los mismos universitarios».

Probablemente la dificultad resida, como afirmaba Granja, en que «la historia que divulgan los medios de comunicación de masas no coincide con el nivel de conocimiento alcanzado por la historiografía vasca». Sea por este o por otros motivos (nuestros propios errores, al escribir para otros historiadores, no para el ciudadano medio; el desinterés de los medios de comunicación, comparable con el de muchos historiadores respecto a la divulgación; el desprecio por el conocimiento de nuestra generación; los hábitos de lectura, etc.), lo cierto es que la historia rigurosa no llega a su público potencial. Aunque la historiografía vasca sea pujante, que lo es, la academia funciona como un circuito cerrado: lo que produce se queda allí como material de nueva producción intelectual, que se queda allí. El hueco que deja lo ocupa la literatura histórica sesgada, partidista y combativa. Hay panfletos antinacionalistas y nacionalistas (vascos) radicales, pero en Euskadi tienen más éxito estos últimos, sobre todo porque están impulsados por los engranajes de la maquinaria cultural de la “izquierda abertzale“, que incluye medios de comunicación, editoriales, distribuidora de libros, librerías, etc. Así, por desgracia, los mitos permanecen vivos. Y, con ellos su derivado: el odio, el victimismo, el sentimiento de superioridad, etc.

Es una batalla desigual, por tanto, la que se establece entre la historia profesional y la literatura partidista. Una batalla que la primera lleva años perdiendo. No hay que rendirse, desde luego, pero hay que tenerlo en cuenta. Es necesario salir del gueto académico sea como sea, intentando llegar a la ciudadanía. El historiador no puede ser un erudito que escriba para otros eruditos. Tiene una función social que cumplir. De otro modo, todo su esfuerzo, todo su trabajo, no serviría de nada.

Tomas de Zumalacarregui

2 comentarios

Archivado bajo Historia, Nacionalismo, Opinión, Recursos